La revolución científica

En su libro El origen de la humanidad y su futuro biológico (2016), Francisco J. Ayala señala que la ciencia moderna es producto de una revolución que tuvo dos etapas: la copernicana y la darwiniana. La primera se inició con la publicación del libro Sobre las revoluciones de los orbes celestes, de Nicolás Copérnico, hecho que ocurrió en 1543, el mismo año de la muerte del autor, y culminó en 1687, cuando salieron de las imprentas los Principios matemáticos de la filosofía natural, de Isaac Newton. Copérnico y Newton, así como otros científicos que vivieron en los siglos XVI o XVII (Johannes Kepler y Galileo Galilei, por ejemplo), demostraron que la Tierra gira alrededor del Sol, que este último cuerpo es una estrella más de entre las muchas que hay en el universo, «que el universo es inmenso en el espacio y el tiempo; y que los movimientos de los planetas en torno al Sol se pueden explicar por las mismas leyes sencillas que explican el movimiento de los objetos físicos en nuestro planeta». Antes de Copérnico, no solo se postulaba que la Tierra era el centro del universo, sino que los movimientos de los cuerpos celestes tenían su origen en la voluntad divina. De este modo, Copérnico y otros científicos trasladaron los fenómenos de la física y la astronomía desde el ámbito religioso al terreno de la ciencia.

   Los avances de la revolución copernicana, sin embargo, convivieron durante mucho tiempo con una serie de ideas religiosas, lo que Ayala define como «estado conceptual esquizofrénico». De esta manera, mientras que las explicaciones científicas dominaban el mundo de la materia inanimada (el universo y los cuerpos celestes), la religión todavía se usaba para explicar el origen y la estructura de los seres vivos. La esquizofrenia conceptual acabó en 1859, cuando Charles Darwin publicó El origen de las especies por medio de la selección natural. En su libro, Darwin explicó el origen y la adaptación de los organismos a partir de un proceso natural, sin necesidad de recurrir a un agente divino. La historia de cómo Darwin formuló esta teoría tiene su inicio en diciembre de 1831, cuando, luego de culminar sus estudios en la Universidad de Cambridge, aquel zarpó en el HMS Beagle, barco de la marina británica que dio la vuelta al mundo y volvió a Inglaterra en 1836. Las observaciones que Darwin realizó durante el viaje, sobre todo las hechas en Argentina y las islas Galápagos, lo ayudaron a esbozar la idea de la selección natural como explicación de la evolución de los organismos vivos, hecho que ocurrió entre 1837 y 1838. Luego, Darwin pasó casi 21 años estudiando diversos organismos para determinar la veracidad de su hipótesis de la selección natural. Finalmente, en 1859 vio la luz El origen de las especies. La selección natural explica el «diseño» de los organismos vivos, «su adaptación funcional para vivir en los ambientes en que viven y su configuración anatómica que hace posible esa adaptación funcional». De acuerdo con Darwin, la selección natural es el proceso por el cual los organismos experimentan variaciones que aumentan sus oportunidades de supervivencia y procreación; las variaciones ventajosas se conservan y se multiplican de generación en generación, en desmedro de las perjudiciales. El resultado de la selección natural es la existencia de organismos correctamente adaptados al medio ambiente en el que viven. En la actualidad, dicho proceso se explica en clave genética: «ciertos genes y combinaciones genéticas se trasmiten a las generaciones siguientes de modo más frecuente que sus alternativas». Las mutaciones genéticas, perjudiciales o no para su portador, se originan al azar. Sin embargo, la selección natural elimina las negativas y preserva las útiles; además, al mantener estas últimas, crea las condiciones para combinaciones genéticas que serían de otra manera improbables. En suma, al explicar el origen y la estructura de los seres vivos mediante un proceso natural, Darwin completó la revolución iniciada por Copérnico.

Fuente: Ayala, Francisco J. El origen de la humanidad y su futuro biológico. S.l.: Materia, 2016, pp. 23-35.

 

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Nicolás Copérnico

 

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Charles Darwin

El transhumanismo

El transhumanismo es un movimiento filosófico y científico que promueve el desarrollo de la tecnología necesaria para extender indefinidamente el periodo de vida de los seres humanos, hacer que estos gocen de una muy buena salud e incluso ayudarlos a rebasar sus propios límites biológicos. Las técnicas para lograr estos objetivos son o serían diversas: pueden ir desde la crionización (que consiste en el congelamiento del cuerpo humano para su posterior reanimación cuando la tecnología lo permita), pasando por la ingeniería genética, hasta llegar a la fusión del ser humano con la máquina, que tiene su expresión más vanguardista en el traspaso de la información que alberga el cerebro humano a un robot, operación conocida como brain uploading. Esto último ha llevado a varios transhumanistas a sostener que la tecnología podría ayudarnos a alcanzar la inmortalidad, término que, como se sabe, se asocia a ideas religiosas. Precisamente este detalle ha atraído al transhumanismo a personas creyentes, quienes incluso han formado organizaciones como la Mormon Transhumanist Association y la Terasem Movement Foundation, una suerte de iglesia ecuménica, con ritos propios. A pesar de lo anterior, sin embargo, quienes comulgan con el transhumanismo son mayoritariamente ateos o agnósticos.

   En el siglo pasado, la primera persona en usar el término «transhumanismo» fue Julián Huxley, hermano del famoso autor de Un mundo feliz. Posteriormente, el concepto sería difundido por Fereidoun Esfandiary, futurista de origen iraní (aunque nacido en Bruselas), cuyo cuerpo está crionizado. En nuestros días, entre los principales promotores del transhumanismo tenemos al filósofo Max More, presidente y CEO de la Alcor Life Extension Foundation, dedicada a la crionización; a Natasha Vita-More, esposa del anterior y directora de Humanity+, la principal organización transhumanista del mundo; al ingeniero venezolano José Cordeiro, también miembro de Humanity+; a Raymond Kurzweil, futurista, inventor y director de ingeniería en Google; al genetista Aubrey de Grey, cofundador y director científico de la SENS Research Foundation; y al filósofo Nick Bostrom, director del Future of Humanity Institute, de la Universidad de Oxford. Dado su énfasis en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, que es el motor del progreso, el transhumanismo está llamado a convertirse en una de las ideologías más importantes del siglo XXI.

Nota: La información detallada en este post ha sido tomada de un artículo que publiqué hace tres años: <http://escritosporunniada.blogspot.pe/2014/04/abriendo-las-puertas-del-transhumanismo.html>. Los datos han sido actualizados.

Transhumanismo símbolo

Símbolo del transhumanismo

Nace Humanidad Secular

La editorial Humanidad Secular nace con el objetivo de satisfacer los intereses culturales y de entretenimiento de un sector de la población a menudo olvidado por la industria del libro: el conformado por aquellos lectores de habla hispana que se identifican a sí mismos como ateos, agnósticos, escépticos o creyentes no vinculados con religión alguna. Dado que este amplio grupo humano se encuentra sobre todo en España, Hispanoamérica y entre los hispanos que viven en Estados Unidos, Humanidad Secular apuesta por el libro digital como vehículo para la transmisión del conocimiento, pues este formato no conoce fronteras. Confiamos, finalmente, en que los lectores encontrarán en Humanidad Secular a una aliada en la lucha por establecer el conocimiento científico como eje alrededor del cual se deben articular las sociedades del siglo XXI.

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